Cuando se desaparece el patrimonio, se pierde la identidad

La avalancha de licencias otorgadas por las curadurías urbanas ha causado la transformación de los sitios fundacionales y del casco urbano de los 11 municipios de Sabana Centro. Casas antiguas e inmuebles con valor histórico desaparacen día tras día por el desarrollo y la evolución física de las poblaciones.

El acelerado urbanismo que se viene presentado en los últimos años en Sabana Centro como consecuencia del desarrollo económico y social ha llevado a que desaparezca el patrimonio urbano año tras año en los sectores fundacionales de los municipios que conforman esta región del norte de Cundinamarca.

Con licencias para nuevas construcciones, ampliaciones, modificaciones y mejoras locativas, expedidas por las curadurías urbanas a nombre de personas naturales y jurídicas, propietarios y constructores han demolido,total o pàrcialemnte, inmuebles que
hacen parte del casco urbano de las poblaciones.
Las afectaciones al patrimonio urbano son evidentes en los sectores más sensibles y emblemáticos del centro histórico de los 11 municipios de Sabana Centro, cuyos habitantes ven con indolencia como las casas antiguas son demolidas y las fachadas de inmuebles con 50 o 100 años de existencia se han cambiado para darle paso a nuevas edificaciones.

Las transformaciones urbanas que se han acelerado en la última década para darle vía libre al desarrollo urbanístico han originado una desarticulación en- tre los núcleos urbanos fundacionales y las dinámicas del desarrollo natural de cualquier municipio por su crecimien-
to geográfico y densificación.

Este fenómeno ha generado problemas de infraestructura y bienestar,desaparición de inmuebles del caso urbano con muchos años de haber sido construidos y el desplazamiento a las comunidades tradicionales de los municipios, lo que conlleva la pérdida d la identidad y la memoria colectiva.
El rápido urbanismo ha traído a los municipios un crecimiento sin planificación, un fenómeno de expansión zonas rurales, el aumento demográfico y el desarrollo económico, pasando por encima de la responsabilidad de cuidar y conservar el patrimonio urbano, que constituye la historia de sus pobladores.

En el Mes del Patrimonio, que se celebra a nivel nacional desde 1998, EL OBSERVADOR le puso la lupa al caso de Cajicá, el tercero más poblado de la Sabana Centro, donde son notorias las afectaciones en el área del casco urbano. Y a Zipaquirá, donde uno de sus inmuebles patrimoniales más emblemáticos se está deteriorando día a día bienes inmuebles como posibles candidatos a que tengan esa categoría para conservarlos y salvaguardarlos.

Tampoco tiene una secretaría o instituto de patrimonio cultural, como existen en otros municipios, para que vigilen las intervenciones en inmuebles del casco urbano con valor histórico y, que a través de pedagogía sensibilicen a los propietarios sobre la importancia de conservar estos bienes, particularmente las casas antiguas, para tener sentido de pertenencia.

Ante esta situación, EL OBSERVADOR siempre ha acompañado la tarea de la Veeduría de Patrimonio y ciudadanía defensora del patrimonio municipal en todas sus dimensiones, que ha alertado sobre este notorio deterioro de los inmuebles que constituyen valores arquitectónicos, culturales y paisajísticos del municipio.

Frente a estas afectaciones al patrimonio urbano, el veedor ciudadano Hernando Villa Acosta, dice que “si bien es cierto Cajicá no ha sido capaz de lograr la declaratoria de un solo Bien de Interés Cultural, el municipio cuenta una ciudadanía que sí valora lo que dejaron los antepasados, porque representa la identidad y la memoria colectiva”. Para los expertos en el tema, es urgente hacer pedagogía con el fin de que la ciudadanía adquiera más conocimiento sobre las implicaciones que tienen las afectaciones y la desa-
parición de los inmuebles, que sin estar protegidos, representan los valores fundacionales del centro urbano, el paisajísmo y los lazos de pertenencia.

Los centros históricos de los municipios de la Sabana Centro, donde hoy viven casi 700 mil personas, más que reconstruidos para conservar su identidad, han sido transformados en los últimos años por la fuerte dinámica del desarrollo económico y social, que
cambió los inmuebles más antiguos por sitios para el comercio, los servicios y la vivienda multifamiliar.

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