La magia de Los Grajales: el legado dedoña Leopoldina en su finca silletera

Estuvimos en Medellín para vivir la Fiesta de las Flores, celebración anual en la que florece la tradición silletera. La finca Los Grajales, asentada en las montañas paisas hace más de 50 años, fue nuestro lugar de visita este año.

En el corazón de Santa Helena, Medellín, se celebró la Edición 69 de la Fiesta de las Flores. Con un clima fresco, las montañas se visten de colores para recibir a miles de visitantes. Este año, decidí emprender un viaje hacia la finca Los Grajales, hogar de doña Leopoldina Álzate de Grajales, una verdadera matriarca silletera.

Al llegar, el aroma de tierra fértil, las flores frescas y el café recién preparado me envuelve. doña Leopoldina, nacida en 1958, en el emblemático corregimiento de Santa Helena es el ejemplo vivo de la tradición silletera. Con más de 50 años de experiencia en el arte de elaborar silletas, su amor por esta práctica se percibe en cada palabra que comparte. En su finca, junto a su familia y turistas que la visitan, preserva esta herencia que ha marcado su existencia.


Mujer de carácter fuerte, doña Leopoldina es madre de siete hijos: cuatro mujeres y tres hombres. Con orgullo, me cuenta que su legado no solo vive en ella, sino en sus 12 nietos, de los cuales dos ya están inmersos en la tradición. La conexión familiar es palpable; cada flor cosechada es un lazo que une generaciones.


Cuando le pregunto sobre la flor que más ama, su rostro se ilumina con la mención del anturio negro:

“es un símbolo de amor y admiración”, afirma que es la flor de su logo y es la más llamativa para la silleta monumental. Para ella, el anturio no solo es hermoso, sino que también representa la fuerza de la cultura silletera.

La fiesta de este año resuena con ecos de alegría y celebraciones, pero también con un profundo respeto por la tradición. Los silleteros se preparan para mostrar sus obras maestras: silleteros gigantes que despiertan admiración y nostalgia. En la calle, la música y el olor de buñuelos nos retrae, al hogar, a la nostalgia y entrelaza las risas de los visitantes que se acercan a conocer la historia detrás de cada silla de flores.

La historia de doña Leopoldina es, en esencia, la historia de Medellín. Cada año, durante la Fiesta de las Flores, la ciudad se detiene para rendir homenaje a sus raíces. La entrega y el esfuerzo de mujeres como ella garantizan que la tradición nunca se pierda.

La Fiesta de las Flores no es solo una celebración; es un reencuentro con la identidad cultural. Encarnada en doña Leopoldina, la tradición silletera florece y se reinterpreta con cada nueva generación. En las palabras de esta matriarca, encontramos el atributo de una cultura que sigue vibrante y vigente, reforzando la importancia de nuestras raíces en un mundo que avanza a gran velocidad.


La visita a Los Grajales no solo es un viaje hacia la finca de una silletera, sino un recorrido por la historia de un pueblo que, al igual que sus flores, sigue floreciendo con orgullo. En cada ramo de anturios negros hay una promesa: la tradición continuará, fuerte y hermosa, como un homenaje a la Tierra que cada año nos regala su esplendor.

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