“Nos quitaron la paz y la vida, pero no la voz.Valeria no puede convertirse en un recuerdo…”
Por: Manuel Afanador
El padre de la niña Valeria Afanador Cárdenas escribió el siguiente texto a pocas semanas de cumplirse un año de la muerte
trágica de la pequeña en circunstancias que no se han esclarecido. Es un relato conmovedor sobre el dolor que vive hoy la familia.
Han pasado diez meses desde el día en que nuestra vida se detuvo. Diez meses desde que Valeria Afanador, nuestra hija, salió de casa rumbo al colegio y nunca regresó. Diez meses de noches interminables, de preguntas sin respuesta, de lágrimas silenciosas y de un dolor que ninguna familia debería conocer. Para muchos, el tiempo sigue avanzando. Para nosotros, el reloj se quedó detenido en aquel 12 de agosto de 2025.
Valeria no era una noticia. No era un titular. No era una estadística. Era una niña llena de amor, de ternura y de una capacidad única para iluminar la vida de quienes la rodeaban. Era una hija, una hermana, una compañera y una amiga. Su ausencia dejó un vacío imposible de describir.Durante estos diez meses hemos escuchado innumerables versiones, hipótesis y opiniones. Sin embargo, lo que seguimos esperando son respuestas claras y verdad. Durante 10 meses hemos recibido burlas, infamia, señalamientos por parte del mal llamado Colegio y su abogado. La recien te imputación de cargos a dos funcionarios del GIMNASIO CAMPESTRE LOS LAURELES por la omisión en el deber de cuidado representa un pobre avance dentro del proceso judicial, sumado a que pareciera que la defensa del colegio busca dilatar la responsabilidad de SONIAOCHOA, dueña, rectora y representante legal y otros funcionarios. Pero todo está lejos de responder las preguntas que nuestra familia y la sociedad siguen haciéndose.
¿Qué ocurrió realmente con Valeria? ¿Cómo fue posible que una niña desapareciera de un entorno que debía protegerla?¿Por qué la búsqueda se prolongó durante 18 días antes de que su cuerpo fuera encontrado? ¿Qué falló en los protocolos, en los controles y en las instituciones llamadas a garantizar la seguridad de nuestros niños? ¿Por qué razón la ALCALDÍA DE CAJICÁ con el gobierno de ORLANDO DÍAZ CANASTO de turno, autorizó la construcción de un colegio sobre la ronda del Río Frío obviando la resolución 2358 de la CAR? ¿Por qué el colegio busca dilatar todos los procesos civiles y administrativos y ataca a la familia? Por ahora tenemos una respuesta fuerte y ejemplarizante por parte de la GOBERNACION DE CUNDINAMARCA y es la cancelación de la licencia de funcionamiento, que implica el cierre total de actividades del colegio para el 2027, decisión legítimamente basada en una investigación de casi 11 meses, dilatada muchas veces por requerimientos por parte del GCL, que buscaban impedir decisiones. Así mismo y en la misma línea de denunciar los posibles delitos cometidos por el colegio, LA GOBERNACION DE CUNDINAMARCA ha compulsado copias de la investigación administrativa a la FÍSCALIA GENERAL DE LA NACIÓN, lo cual es sumamente importante porque es material probatorio adicional necesario para la imputación de cargos a la Rectora y dueña y más docentes y personal administrativo del colegio.
Son preguntas que siguen abiertas
Como padre, resulta imposible explicar el dolor de ver a Gabriel, Santiago y Emanuel, hermanitos de Valeria, preguntar una y otra vez por qué ella ya no está? Resulta imposible encontrar palabras cuando un niño busca respuestas que los adultos aún no pueden darle.
También resulta difícil comprender por qué, diez meses después, sentimos que las respuestas de la Fiscalía avanzan con una lentitud que contrasta con la magnitud de la tragedia. Nuestra familia ha elevado múltiples requerimientos y continúa esperando decisiones de fondo, investigaciones completas y bien hechas, y conclusiones que permitan esclarecer plenamente lo sucedido. Así como resulta increíble pensar que el colegio y su equipo de abogados pretenda seguir enlodando el honor de la Familia AFANADOR CÁRDENAS y deshonrar la memoria de Valeria poniendo cifras de miles de millones que no tienen y tratando de desviar la atención y sobre todo su responsabilidad en la muerte de nuestra amada hija.
Este caso no debería importar únicamente porque le ocurrió a Valeria. Debería importarnos porque involucra preguntas fundamentales sobre la protección de la niñez, la responsabilidad de las instituciones educativas y la capacidad del Estado para responder cuando ocurre una tragedia. Valeria también deja una reflexión profunda sobre la inclusión. Su vida nos enseñó que todos los niños, niñas adolescentes y adultos, especialmente aquellos que requieren atención y cuidado adicional, merecen entornos seguros, responsables y preparados para protegerlos. Hoy no escribo estas líneas movido por el odio. Las escribo movido por el amor de un padre que se niega a que la memoria de su hija desaparezca entre expedientes, trámites y el paso del tiempo. No pedimos privilegios. Pedimos verdad. No pedimos venganza. Pedimos justicia. No pedimos compasión. Pedimos que ninguna otra familia tenga que sufrir el mismo dolor. Diez meses después, seguimos de pie. Con el corazón roto, pero de pie. Seguimos levantando la voz porque Valeria ya no puede hacerlo. Seguimos insistiendo porque el silencio jamás será una opción. Y mientras no existan respuestas completas, mientras persistan las preguntas sin resolver, seguiremos recordándole al país que detrás de este caso existe un ángel que merece verdad, una familia que merece justicia y una sociedad que no puede permitirse olvidar. Porque Valeria Afanador no puede convertirse en un recuerdo más. Porque Valeria merece justicia.




