Pito Perea, el cantor de los manglares

Por: Adriana Niño*

HAGAMOS VISIBLE LO INVISIBLE: EPISODIO 3

Entre manglares, hermosos atardeceres y ríos de caminos inquietos en La Loma, Bojayá, retumbaban los sonidos con los que Jorge Perea convivía desde muy pequeño y con los que se divertía: galones de aceite y tarros de plásticos; sin embargo, entre juego y juego, estos se convirtieron en sus bongos, timbales y bombos

Jorge Perea visibilizando la alegría de los ritmos de La Loma, Chocó.
Foto: Nicolás Menéndez

Todo tiene un inicio Su mamá guardaba la sabiduría musical y con el tiempo le enseñó a comprenderla, iniciándolo en esta apasionante aventura. “Una vez estábamos en el cuarto y mi madre me dice: ‘Préstame ese bongo’, y yo sorprendido le digo, “Ve sabes cómo se llama. Y empezó a tocar. Luego ella me responde: “¿Vos qué crees?, cuando era muchacha teníamos un grupo musical y yo era bongosera”.

Al ritmo de Carmen, Norita y María 

Carmen, Norita y María, así fueron llamadas las lanchas que le permitían recorrer los ríos de su tierra natal, y que, al atravesar sus aguas, detonaban con armonía natural los sonidos de las aves y los anfibios. 

Al llegar de La Loma a Quibdó, actualmente un recorrido que toma cuatro horas en lancha, un joven Jorge y sus amigos convertían las tardes en fiestas. “Yo me llevaba los timbales conga y bombón y en el patio de la casa, y en las tardes, hacíamos las rumbas con los muchachos que venían de todos lados, venían a vernos tocar y ellos también aprendían de nosotros”, comenta con entusiasmo. 

Su primer instrumento oficial fue la conga, la cual tocaba en la taberna ‘Piamonte’, donde la magia ocurría, junto a la marimba y la charrasca, formando un conjunto de ritmos, bailes y tradiciones.

Perea actualmente reivindica a través de sus saberes musicales los sonidos ancestrales que con el tiempo se han fusionado, una reminiscencia de lo que se ha desvanecido poco a poco: “Roberto Roena, La Fania, Cheo Feliciano han sido mi medio de inspiración y trato de hacer mi música a ese estilo”, dice con nostalgia, Perea.

El folclor a las aulas 

En 1982 llegó a la ciudad de Bogotá con la esperanza de empezar su carrera musical, comenzó a tocar en tabernas, descubriéndolo grupos como Guayacán. Su talento y la contundencia de su ‘sabrosura’, lo llevó a hacer los coros y tocar las maracas, para grandes amigos y cómplices como el cantante Nicogembe.

En su larga trayectoria, también ha sido cantante y Timbalaye, su primer disco, evoca ampliamente su significado: un género musical de origen afroespañol que surge con potencia en la Cuba de finales del siglo XIX; en suma, una reunión de músicos caribeños tocando con maestría la percusión. Canciones como Suena el tambor y Con la salsa me quedo hacen un merecido homenaje a los ritmos antiguos de este género. 

Siendo profesor de folclor en la Universidad Nacional de Colombia, en sus clases siempre estaban presentes la cumbia, el currulao y el chande, como embajadores honoríficos de la diversidad de sonidos, sumergiendo a sus estudiantes en un camino de reconocimiento de los saberes musicales de sus antepasados. 

Perea seguirá con su pasión en la música, siendo el profesor y aprendiz de este tejido fino entre ritmos, armonías y melodías que se funden en una magia sinigual, demostrando el amor a sus verdaderas raíces y entrelazando de forma excepcional la autenticidad de sus sonidos, la melancolía y el arraigo cultural, como es el recuerdo y sentimiento por su tierra La Loma- Bojayá. 

Foto: Nicolás Menéndez

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*Periodista y documentalista

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